Déjala que baile

"Yo la quería"...pero un día al despertar vi en su mirada algo ajeno, un pesar, una forma descabellada de negar lo evidente. En sus labios había un verso que no era mío, en su mente seguro se movían las dudas y los remilgos, que eran mi desesperación. No pude ignorar que sus dedos mintieran y que al temblar ella dijera que era solo era un escalofrío...

¿Nos paramos a reflexionar realmente sobre lo que hay a nuestro alrededor? ¿Somos capaces de ver los signos de una relación tóxica? En esta entrada y las siguientes vamos a centrarnos en la situación de la mujer hoy en día y en la injusticia que nos desborda, si bien pondremos de relieve mujeres cuya lucha posee un eco que llega a todo rincón del planeta. Para empezar, nos gustaría contextualizar en qué mundo vivimos y qué papel tiene la escuela en él, a raíz de la famosa canción "Déjala que baile" de Melendi y Alejandro Sanz: https://www.youtube.com/watch?v=yda62tNSLsQ



Como explica Joan Subirats en Responsabilidades sociales y Responsabilidades educativas (2005), más que atravesar una época de cambios, estamos viviendo un cambio de época. Y ello pone patas arriba los distintos modelos de sociedad con los que hemos ido operando y el papel que en ellos desempeñaba la educación. ¿En qué sociedad estamos viviendo? Destaca la transición hacia una estructura social mucho más fragmentada y compleja bajo el marco de lo que Marta García Lastra denomina la Sociedad de la   Información, del Conocimiento, Sociedad Red, Sociedad Líquida...en definitiva, una sociedad en la que la información es más un recurso económico que una fuente de conocimiento, ya que este es caduco. 

La escuela no ha podido mantenerse a espaldas de esta nueva realidad, la cual ha afectado tanto a su funcionamiento como a las tareas de todos los agentes implicados. Ha visto cómo se han descolocado las ideas previas sobre el aprendizaje y ha incorporado las TIC a las aulas, convirtiéndolas en una pieza más del proceso de enseñanza que es necesario analizar desde un punto de vista crítico. En este “mundo nuevo” que se dibuja en la canción de Melendi, la escuela debe abrirse a nuevos escenarios y perspectivas, sin límites ni barreras; así como incorporar herramientas y estrategias para enriquecer el aprendizaje. Hoy que la tierra no es plana ni la ciencia de herejes, parafraseando la canción, cobra importancia educar en la incertidumbre: lo que hoy sabemos tal vez mañana no sirva. El conocimiento, como la sociedad, es cambiante y ya no importa transmitirlo sino ayudar a seleccionar la información que nos sea relevante para nuestro momento presente y la inmediatez a la que los jóvenes están acostumbrados por su ritmo de vida. Asimismo, hay que recapacitar como docentes sobre la manera en la que los jóvenes se comunican y relacionan, cómo usan la tecnología como una nueva forma de vida y de identidad, puesto que entender su percepción del mundo e involucrarnos en él nos acerca a nuestro papel como guías del aprendizaje.

Una sociedad en la que, desde nuestro papel de educadores, se hace cada vez más necesaria una formación moral renovada, donde se fomente el valor de las preguntas, de la curiosidad, de la lucha contra lo establecido, a fin de encontrar el progreso. Siguiendo a Melendi, "con la idea de liberarse de una moral  impuesta, de no culpabilizarse por buscar  la respuesta", hay que dejar a un lado las connotaciones negativas acerca de ir en dirección contraria. Los alumnos tienen que aprender a buscar el saber y a desarrollar su  propia moral,  no a reproducir  lo que se les ofrece. En este sentido, la mejor forma de hacerles desarrollar su inteligencia e inquietudes es a través de la duda: no darles la respuesta siempre, hacer que indaguen en los caminos y posibilidades que se abren con una información o un conocimiento determinados. En otras palabras, despertar en ellos el "aprender a aprender".


Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de la sociedad de hoy en día? De una “fiesta global”, del “relato y la escritura que conviven”, de que “ahora por fin las redes unen al planeta”. Hablamos de una sociedad planetaria, de una historia común y una acción conjunta de los países, de aprender a vivir juntos como postula Juan Carlos Tedesco (2005). Esta convivencia global debe fomentar el compromiso voluntario frente al aprendizaje, la solidaridad, la ciudadanía del mundo, la apertura a nuevos puntos de vista y el trabajo en equipo.

¿Sabías que esta canción tiene una posible lectura feminista? Si quieres conocerla, pincha justo aquí.


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